Convertirse al cristianismo en Irán puede significar más de 10 años de cárcel

WASHINGTON D.C., 12 May. 18 (ACI Prensa).- Convertirse al cristianismo en Irán, un país con más del 99% de habitantes musulmanes, puede ser un crimen castigado con más de 10 años de cárcel.

Los templos católicos en el país son monitoreados de cerca con cámaras de vigilancia para que los musulmanes no ingresen, y las escuelas religiosas tienen límites sobre lo que pueden enseñar, dijo a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– el periodista iraní Sohrab Ahmari.

Ahmari escribe actualmente para la editorial Ignatius Press una memoria espiritual sobre su propio viaje hacia la fe católica.

El periodista iraní se convirtió en 2016, luego de vivir en Estados Unidos por más de dos décadas. Su conversión habría sido casi imposible de haber seguido viviendo en Irán.

“En Irán, el catolicismo es un fenómeno principalmente étnico. Hay católicos armenios y asirios. Ellos tienen sus propias iglesias, pero no pueden evangelizar y no pueden tener Biblias en ningún otro lenguaje que no sea el suyo”, dijo Ahmari, que trabajó para el diario estadounidense Wall Street Journal por varios años, antes de convertise en el editor senior de la revista Commentary.

“La Constitución iraní consagra el islam chiita como la religión del estado y relega ciertas otras minorías religiosas a un estatus protegido, pero de segunda clase”.

Esa es la situación, dijo, de “judíos y cristianos, principalmente, gente de las religiones abrahámicas”.

“Estas personas tienen un cierto grado de derechos limitados, pero también tienen toda suerte de limitaciones sociales”.

Ahmari advirtió que el trato puede ser “peor para grupos que el régimen no reconoce como legítimos”, como el caso de los cristianos evangélicos.

Tras enfrentar un juicio como apóstatas, los cristianos conversos del islam han sufrido cada vez peores sentencias, de acuerdo al reporte de 2018 de la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF). El documento advirtió que “muchos fueron sentenciados a al menos 10 años en prisión por sus actividades religiosas”.

Maryam Naghash Zargaran, cristiana convertida del islam, fue liberada de prisión en agosto de 2017, tras cumplir más de los cuatro años a los que estaba sentenciada. Mary Ann Glendon, ex embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, estaba entre quienes abogaron por su liberación.

En mayo de 2017, cuatro cristianos evangélicos fueron sentenciados a 10 años de prisión por su labor evangelizadora.

El Departamento de Estado de Estados Unidos ha designado a Irán como un “país de particular preocupación” sobre libertad religiosa desde 1999.

La creciente capacidad del gobierno iraní para censurar y monitorear a los usuarios de internet aumenta su capacidad de aplicar interpretaciones religiosas oficiales y reprimir a activistas.

De acuerdo a la USCIRF, durante una serie de protestas democráticas en enero de 2018, el gobierno bloqueó el acceso a internet, incluyendo a las redes sociales. Los ciudadanos protestaban por injusticias económicas y sociales.

Mientras que a los cristianos les ha ido mucho mejor en Irán que en el vecino Irak, Ahmani cree que es importante que los católicos se den cuenta de que estas protestas eran diferentes a otros levantamientos en Medio Oriente.

“Hay una tendencia entre algunos católicos conservadores a ver ahora cualquier levantamiento o cualquier fervor democrático en un país como automáticamente malo, precisamente porque se preocupan por esas comunidades. Miran a lo que ha pasado con Irak, lo que está sucediendo con los coptos en Egipto y piensan ‘no más levantamientos’”, dijo el periodista iraní.

“El caso en Irán es diferente porque el propio régimen consagra un tipo de supremacía islámica y suprime a las minorías en varias formas. La gente que se está levantando quiere libertad religiosa”, añadió.

La libertad religiosa y los derechos humanos fueron el centro del encuentro del Papa Francisco con el presidente de Irán, Hassan Rouhani, en enero de 2016. Irán y la Santa Sede han tenido relaciones diplomáticas continuas desde 1954.

En el Vaticano, el Papa Francisco y Rouhani también conversaron sobre la aplicación del Plan de Acción Exhaustivo Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), también conocido como el “acuerdo nuclear iraní”, que había entrado en vigor apenas 10 días antes de ese encuentro.

El 8 de mayo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acabó con el JCPOA y reimpuso las sanciones que habían sido levantadas.

Según un comunicado de la Casa Blanca, “el JCPOA falló en lidiar con la amenaza del programa de misiles de Irán y no incluyó un mecanismo suficientemente fuerte para inspecciones y verificación”.

Los abusos a los derechos humanos del régimen iraní y la represión contra manifestantes también fueron condenados en el comunicado del 8 de mayo, anunciando el fin de la participación de Estados Unidos en el acuerdo nuclear de Irán.

Traducido y adaptado por David Ramos. Publicado originalmente en CNA.

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