Descansando en piedra


Hay 1.600 descargas en el último mes de mis libros. Estoy satisfecho, una edición normal en papel es de 2000 ejemplares. Hoy día, las editoriales de teología es normal que saquen ediciones de mil copias. Aun así, no estoy satisfecho. Los escritores siempre queremos más.
Pero mi último viaje me ha animado en este campo, porque me he encontrado que en el lugar que menos me lo esperaba del mundo me he encontrado con un sacerdote que da un curso para laicos basándose en mi libro sobre la misa Las aguas vivas que borbotean. Gracias si me estás leyendo.
Estas palmadas en la espalda me son muy convenientes, porque de verdad, de verdad, que uno, a veces, tiene la sensación de escribir para el aire y el vacío. Mil veces me viene a la mente la pregunta: “¿Y si todos los libros a los que tanto trabajo has dedicado quedaran en la nada, fueran para nada?”. Es un pensamiento horrible. Debe ser el demonio. Aunque a veces no sepa si es un demonio o un ángel. Incluso cabe la posibilidad de que sea uno de los ángeles que procrearon a los nefilim. También puede ser un ángel que tentaba toda la vida a un cardenal y que ahora se ha acercado a mí para continuar su persistente y suave labor llena de experiencia.
Y, sin embargo, a pesar de los experimentados demonios y de los humanos eclesiásticos sigo escribiendo con el mismo impulso irresistible con el que Goya seguía dibujando sus últimos bocetos oscuros de la última época, con el mismo impulso con el que El Bosco seguía dibujando figuras y más figuras, una tras otra, llenando y llenando más espacio en los lienzos.
Sigo con mi labor con el mismo impulso con el que Athanasius Kircher seguía produciendo más volúmenes de su personal e irrepetible “enciclopedia” llena de errores, y aun así deliciosa.
Me siento tan identificado con ese jesuita. Quizá porque conozco muy bien el valor dudoso de su obra. El valor dudoso que tiene su obra objetivamente. Pero me consuelo pensando en que la obra completa tiene un gran valor subjetivo: reflejo de un mundo interior, viaje al mundo visto por ese jesuita alemán afincado en Roma.
En Biblioteca Forteniana 34,244 personas han descargado libros míos. Hoy he recibido dos ejemplares más de una segunda edición de uno de mis títulos por la Editorial San Pablo. Hace poco, en mi anterior viaje, pude ver impresa mi Forteniana Opera Daemoniaca en siete volúmenes. Al verla tuve la impresión de que todos mis años de trabajo sí que habían valido la pena algo: ¿quién se podía imaginar que era tan extensa? Por lo menos, yo con los PDF no hacía idea.
¿En qué he empleado hoy la mañana? En acabar la división de Las aguas vivas que borbotean en dos volúmenes. Era uno de los propósitos que hice al regresar de Quito. Mañana ya regreso a mi libro sobre las plagas de Egipto.
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