El que se desespera pierde mucho

Pbro. José Luis González Santoscoy

No hay nada más frustrante que toparte con alguien desesperado e impaciente. Pero yo creo que todos hemos tenido momentos así, en el que las cosas no te salen en el momento que quieres y de la forma en la que quieres. Utilizaré la imagen de la siembra para comprender por qué nos conviene ser pacientes.
Sabemos que para que haya una buena cosecha se necesita de una buena semilla, buen abono y un riego constante. Hace algunos años aprendí lo que sucede con el bambú japonés. Una vez que siembras la semilla, durante los primeros meses aparentemente no sucede nada, pasa el tiempo y los años, y tarda hasta siete años en salir el primer brote de la tierra.
Alguien inexperto en esto ya se hubiera dado por vencido, o bien, el impaciente ya hubiera abortado la misión. Sin embargo, hasta los siete años de haber sembrado la semilla y de haberla regado constantemente durante todo este tiempo, comienza a salir el bambú y de una manera increíble, en tan sólo seis semanas, el bambú llega a crecer hasta 30 metros; sí, tal cual, 30 metros en sólo seis semanas.
Durante los siete años, donde aparentemente no sucede nada, la planta está generando un profundo sistema de raíces para poder sostener el bambú. Esto mismo nos pasa en la vida, cuando nos acercamos a Dios, al principio nos podemos desesperar porque pensamos que no sucede nada, pero el Señor está preparando nuestro corazón, debemos tener paciencia, perseverar y esperar los frutos.
Muchas veces nos desesperamos porque queremos resultados rápidos, soluciones inmediatas a nuestros problemas, respuestas tangibles y medibles, y en ocasiones, no será así. Debemos aprender que el éxito en la vida requiere, tanto en el ámbito humano como en el espiritual, primero un crecimiento interno, el cual toma tiempo, esfuerzo y paciencia.
Cuando nos encontremos frente a situaciones que nos desesperen, ya sea porque no vemos resultados rápidos o porque no suceden las cosas como queremos, debemos aprender a perseverar. La perseverancia es la virtud que nos ayuda a permanecer firmes en los propósitos que hemos iniciado. Nunca olvides que, aunque no veas resultados rápidos, no significa que no esté pasando nada, al contrario, estamos creciendo y madurando interiormente, para poder dar un fruto abundante.

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Padre José Luis González Santoscoy

La paz es

de quien la trabaja

La búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto,
una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos.
Papa Francisco
Fernando Díaz de Sandi Mora

El quebranto de la paz es la mayor pérdida que el ser humano puede enfrentar. Es el bien por excelencia, el “mejor lugar” para el desarrollo de la vida, la personal y la comunidad.
El ser humano busca la felicidad más que ninguna otra cosa. Esa es la meta consciente o inconsciente de todas nuestras actividades, de todos nuestros afanes. Buscamos la felicidad en determinadas situaciones, en oficios concretos o en determinadas personas para que nos aporten lo que nos falta para complementarnos. Pero, una vez que obtenemos lo que deseamos, descubrimos que no podemos ser felices si no estamos en paz con nosotros mismos. La paz es una condición indispensable para
la felicidad.
Vivimos en un mundo sometido bajo el miedo y la tristeza, la angustia y el sufrimiento, la avaricia y el egoísmo, la mentira y la apatía. La ausencia de paz es una discapacidad de la vida. No se puede caminar cómodo en este mundo, sin paz en el corazón. Es imposible aprender, compartir, aceptar y tolerar diferencias.
La paz es el aire del alma que descubre lo mejor en el interior de cada uno. Un poco de paz es una potente luz que ilumina el corazón en donde se anidan los talentos, los dones, las cualidades, todo lo bueno, lo bello y lo útil que hay en el ser humano… cualquier forma de violencia, por el contrario, significa una incapacidad para encontrarnos con el otro, con el que sufre, con el que piensa distinto, con el que nos necesita. Sin paz, no hay forma de disfrutar nada ni nadie, ni siquiera a nosotros mismos.
La paz es una construcción de todos los días y de cada instante. Hay que poner en orden las cosas del alma, hacer “aseo” profundo en la mente para despejarse de rencores, de pensamientos tóxicos, desempolvar los sueños, revivir las emociones y las expresiones de amor, servicio y compasión por los demás, como bien dice el Papa Francisco: “Nadie se salva solo…”.
Hay que construirnos como seres de paz. Buscar espacios de silencio, inundar la mente de pensamientos a favor de nuestros sueños. Experimentar con intensidad los encuentros con otras personas, sonreír más, abrazar más, servir más.
Caminar, cuidarse, leer provechosamente, contemplar amaneceres, ceder el asiento en el camión, ayudar al hijo en las tareas y jugar con él, dejar a un lado el celular para escuchar a tu pareja, disfrutar de lo que haces, orar y vivir la fe que se profesa y aceptar las diferencias. Son solo algunos “ladrillos” para construir una paz auténtica.
Construye en tu ser y en tu propia familia una paz plena y duradera.
Te deseo paz.

Facebook/Fernando D´ Sandi

Elegir mejor la compra

Karen Gutiérrez Gallardo

Actualmente, con todas las opciones que existen en el mercado de productos, tantos cereales de caja, panes, productos lácteos, galletas, etc., resulta complicado hacer una buena elección al momento de realizar las compras. Muchas veces nos dejamos guiar por empaques llamativos, letras o colores, que llaman más nuestra atención.
¿Qué debemos buscar, o en qué debemos ser cautelosos al momento de comprar un producto?
1. En la etiqueta nutrimental, generar el hábito de leer los ingredientes, es esencial. Buscar productos con pocos ingredientes. Los ingredientes van ordenados, de mayor a menor; entre más natural sea el producto, menor cantidad de ingredientes va a contener.
2. Observar el tamaño de la porción que indica la etiqueta nutrimental, porque en base a ésta se hace el cálculo de la información nutrimental: Calorías, carbohidratos, proteínas, lípidos y demás nutrimentos. Suele pasar que la información indicada es, por ejemplo, para 30 gramos de porción pero el paquete está integrado por más de una porción; a veces, esto no lo tomamos en cuenta y es muy importante notar cuál es el tamaño de la porción que indica la etiqueta nutrimental.
3. Evitar las grasas saturadas porque son las más dañinas para el organismo. Se puede leer también en la etiqueta nutrimental de los productos procesados.
4. Buscar productos altos en fibra que contengan más de 5 gramos por porción, suficientes para tener un buen aporte de fibra.
5. Elegir productos con la menor cantidad de sodio. Menos de 100-120 gramos por porción es una buena opción para un producto procesado.
6. Revisar la cantidad de azúcar que contiene el producto que elija. Tomando en cuenta que una cucharada de azúcar es igual a 5 gramos, es común que al consumir productos procesados, comamos grandes cantidades de azúcar sin notarlo. Revisar en las etiquetas el tamaño de porción y su número por presentación o empaque, ayudará a evitar excesos.

Este tema requiere de conocimiento y práctica, pero atendiendo estas recomendaciones generales es posible tomar mejores decisiones al momento de hacer nuestras compras y, en consecuencia, elegir mejores productos para nuestra salud.

Lic. En Nutrición e Integrative Nutrition® Health Coach
Referencias: Viladroza, L. F. (2007).
Alimentacion Inteligente. México: Producciones educacion aplicada.

Las emociones en los niños

Redacción Arquimedios

Ansiedad, tristeza, enojo, alegría e incluso temor, son emociones que todos los niños y seres humanos experimentan, incluso desde la vida intrauterina, señala la psicóloga infantil y especialista del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Jalisco, Esmeralda Yelisse García Ortega.
“Todos los sentimientos son positivos, son para algo, lo malo es cómo manejamos las emociones, como adultos somos los gestores de esas emociones en los niños” explicó.
El reconocimiento de las emociones, es indispensable para garantizar el adecuado desarrollo emocional, cognitivivo- conductal, e incluso físico de los niños, aun si se trata de infantes que no han desarrollado la habilidad de expresar verbalmente lo que sienten.
“En el Hospital de Gineco-obstetricia se utiliza una escala en la que por medio de la expresión de la carita del niño se sabe si experimenta dolor y de qué nivel, las mamás desarrollan también la habilidad, y conocen el tipo de llanto de su bebé, si es dolor, de hambre, de tristeza, ellos de hecho,  lo comunican de esta forma” refirió.
Ya en etapas preescolares, cuando el niño es capaz de hablar y comunicarse de forma más directa, explicó la psicóloga García Ortega, es importante que los padres coadyuven en su formación y en ayudarles a moldear su carácter evitando caer en situaciones negativas que les generen estrés y emociones negativas.
  “El temperamento es con lo que nacen, y el carácter se va forjando. La diferencia es cómo tú colaboras para moldear ese carácter. A veces se les dice a los niños, ‘no llores porque no eres niña’, ‘no llores, te caíste o golpeaste pero, no pasa nada’, no, sí pasa, a él  o ella le duele, le estresa, o le ocasiona molestia, no reprimamos los sentimientos” destacó.
Indicó también que “a través del diálogo, y utilizando incluso técnicas o actividades lúdicas como leer cuentos, ver películas, o jugar, podemos enseñarle al niño a identificar cada una de sus emociones y sentimientos, y a expresarlos de una forma directa”.
“A veces los sentimientos se ‘enmascaran’ y el niño está enojado y grita, pero en realidad está triste, entonces utilizamos la técnica del espejo y le decimos: Yo noto como que estás triste, ¿Te puedo ayudar en algo?, ¿qué sucede?, y ver cuál es el origen; entonces lo estamos haciendo responsable de sus actos y sentimientos”.
En este tenor, remarcó  que es indispensable enseñarles a afrontar sus emociones y expresarlas, aun y tratándose de enojo. “Hay que decirle por ejemplo que enojarse está bien, lo que no está bien es golpear, gritar o romper algo, hay que sacarlo de otra forma, incluso hablándolo”.
Puntualizó la especialista en salud mental, que es importante, como padres, no generar ansiedad en los niños, incurriendo en prácticas como culpabilizarlos, forzarlos o apresurarlos, sino actuar con paciencia, tolerancia y empatía en todo momento.

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