El solideo, III parte


Las razones más sencillas suelen ser las verdaderas. En medio de un presbiterio con la cabeza descubierta, el solideo es signo de autoridad y, por tanto, de forma natural mueve hacia la obediencia.
Lo cierto es que lo primero que uno ve en una persona es su cabeza, después la atención se va fijando en los demás detalles del cuerpo. Qué duda cabe de que la “corona” eclesiástica es la mitra, el solideo haría la función de ser una especie de recordatorio simple de la mitra. La mitra únicamente se usa para las funciones litúrgicas. El solideo cumpliría la misión de un recordatorio de esa corona espiritual sobre la cabeza del obispo. Pensemos que los reyes ingleses, además de la corona, todavía hoy conservan el cap of maintenance, cuya traducción literal sería el “gorro de mantenimiento”. Ese gorro se llevaba en momentos menos solemnes, como una insignia que recordaba a todos que él era el monarca.
Otro símbolo que podemos ver en el solideo es que, desde los pies hasta el cuello, el obispo está cubierto enteramente de vestiduras eclesiásticas. El solideo completa ese deseo, cubriendo incluso la cabeza.
La capucha sí que ofrece la sensación de querer ser abrazado o protegido. Pero el solideo de ninguna manera da esta impresión al que lo lleva. Por la hechura del solideo, tampoco este expresa el propósito de estar concentrado hacia el interior. No cumple la función, por ejemplo, de la mantilla sobre la cabeza para las mujeres. Hoy día el solideo se mantiene en el atuendo limitado a ser un signo del grado jerárquico del que lo lleva. Y así la cabeza de un obispo queda cubierta para recordar que en ella reside la autoridad eclesiástica.
Al ponérselo, el obispo puede hacer esta pequeña oración: Oh, Señor, envía sobre mi cabeza tu gracia y cúbrela con tu sabiduría.
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