La esencia del amor radica en comprometerse con los demás

El santo Evangelio que la madre Iglesia ofrece en la mesa de la Eucaristía desarrolla el tema de la comunión de los discípulos con el Señor, y califica a la comunidad como el círculo de los amigos de Jesús unidos por la fe y el amor (Jn 15, 9-17).

La alegría, fruto del encuentro con el Resucitado
El evangelista destaca la alegría que Jesús desea comunicar a sus discípulos a través de su palabra: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena” (vv. 9-11). Es el gran gozo mesiánico, el del Hijo de Dios, que colma de sentido la vida. Esta alegría infinita tiene carácter pascual, es consecuencia del encuentro con Jesús Resucitado, siempre presente. Cuando el Señor les mostró sus manos y el costado sus discípulos se alegraron de verlo (véase Jn 20, 20).

El nuevo nacimiento en Cristo
El mandamiento del amor deriva del conocimiento de Cristo: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo os he amado” (v. 12). Este amor es de carácter misionero y testimonial. Los discípulos por su amor mutuo siguen el ejemplo de Jesús. El amor se nos revela así como ‘don’, en la entrega de Cristo y, como ‘misión’, en el amor que debemos practicar.
Este domingo sexto de Pascua celebramos con alegría al Señor Resucitado, con la confianza de que una mirada puede cambiar el curso de nuestra historia personal: “Es la mirada de Cristo Resucitado que ilumina los escondrijos más oscuros, que salva la existencia más desesperada, que vuelve fértil el desierto más árido. El nuevo nacimiento de Cristo es la experiencia más grande en la vida de una persona. Caminando por las calles del mundo he encontrado hombres y mujeres que han experimentado la resurrección, que se han dejado sacar de los abismos, que han sido llamados por su nombre y han respondido”, afirma Lia Beltrami, un libro bellísimo: Mujeres de la Resurrección. Por las calles del mundo, Buena Prensa, México, D. F. 2010, pág. 9)

Confidentes del hombre venido de Dios
Al mandamiento del amor, Jesús lo esclarece con un ejemplo: “Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no son siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre” (vv. 13-15). La muerte de Jesús queda definida como el acto supremo del amor, “los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1). Gracias a Jesús participamos de la revelación divina. “A Dios nadie le ha visto jamás; el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn 1, 18). El signo de la amistad del hombre venido de Dios radica en constituirnos sus confidentes.
El Padre es el origen de todo, “como el Padre me ama, así los amo yo” (v. 9), y a la asistencia del Padre debe la misión sus resultados, “de modo que el Padre les conceda cuanto le piden en mi nombre” (v. 16). En los libros sapienciales se nos revela que: “El amigo fiel es un apoyo seguro, quien lo encuentra, ha encontrado un tesoro” (Si 6, 14), y nosotros creemos en Jesús, y le agradecemos por querer ser nuestro mejor amigo. Como amigos de Jesús ingresamos en su ámbito vital y con su ejemplo nos enseña que la esencia del amor radica en comprometerse con los demás: “Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros” (v. 17).

p32 EDIT

Compartir en Google Plus

About El Evangelio del día

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.

1 comentarios :