Se nos ha olvidado amar de verdad

Apreciables hermanas y hermanos:

El tema del amor es un tema que nos importa, y referido a Dios, es muy favorable para nosotros. Si la Sagrada Escritura nos dice que Dios es amor, quiere decir que en Él no hay asomo de desamor, no tiene sentimientos de rencor, de venganza. Nunca se olvida de nadie.
¿Cómo se ha manifestado ese amor? Dándonos a su único Hijo. Se deshizo de su único Hijo para que se hiciera hombre como nosotros, para que muriera y resucitara por nuestra salvación.
El amor consiste en que Dios nos amó primero. Él tomó la iniciativa de amarnos. Primero, dándonos la existencia, y después, dándonos a su propio Hijo para que, por Él, nos salvemos todos los hombres.
Cuando decimos que Dios es amor, quizás no nos conmueva, pero si lo pensamos en serio, si lo pensamos detenidamente, significa que el Señor no tiene ni un instante en el que no nos mire, no nos abrace, no nos sostenga, no nos envuelva en su amor infinito de Padre.
Nosotros podemos olvidarnos, distraernos, sin darnos cuenta de esta verdad, pero no obstante ese descuido, Él no se olvida jamás de nosotros, ni cuando le damos la espalda por el pecado.
Nos ama, nos busca, nos espera siempre, de tal manera que podemos preguntarnos cuándo fue la última vez que fuimos conscientes del amor de Dios en nuestra vida, cuándo nos detuvimos a pensar y a gozar cuánto amor nos tiene.
Es posible que vivamos descuidados, indiferentes a este amor. Pues no obstante que vivamos descuidados respecto al amor de Dios, vivimos en su amor, nos sostenemos en su amor, y el día que muramos, podemos alcanzar la plenitud de la vida, sólo por el amor infinito de Dios.
Conviene pensarlo, no vivir indiferentes, porque cuando nosotros vivimos así, repercute en que nosotros no nos amamos. Si no nos sentimos amados por Dios, incluso cuando no lo merezcamos, no sabremos amar a los demás.
Con un amor total, gratuito y desinteresado, nos dice el Señor que nos amemos los unos a los otros, como Dios nos ha amado.
No vamos a negar que lo que más está faltando a nuestro mundo es el amor. Prevalece el rencor, la venganza, la división, el egoísmo, en muchos aspectos de la vida y de la sociedad.
A las familias les está faltando el amor, el verdadero amor, la entrega incondicional de los esposos, todos los días; la entrega paternal de los padres a los hijos y la correspondencia filial hacia los padres. El verdadero amor de compartir entre los hermanos.
En nuestras familias se nota la falta de verdadero amor. Sí, se quieren mutuamente pero, a veces, con condicionamientos. O cuando esperamos amar para que también nos paguen con amor. Y esto no va de acuerdo a la expresión ‘ámense como yo los he amado’, que nos dirige Dios, porque Él no ama con condicionamientos, sino con total desinterés y gratuidad.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

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