Violencia en Jalisco

Jorge Rocha

En días pasados distintos hechos consternaron a la sociedad de Jalisco. En primer lugar los resultados de la investigación la desaparición de los tres jóvenes estudiantes del CAAV, José Salomón Aceves, Daniel García y Marco Francisco Díaz; luego el asesinato a balazos del sacerdote Juan Miguel Contreras en Tlajomulco; y esto se añadió a la muerte violenta de Juan Carlos Andrade, alcalde emecista con licencia del municipio de Jilotlán de los Dolores, que buscaba la reelección en su cargo.
Más allá de hablar de cada uno de estos casos, que han ameritado amplias notas periodísticas y columna de opinión, me parece que todo ello nos muestran cuatro tendencias que es necesario resaltar.
La primera es la confirmación de la vulnerabilidad en la que está toda la población de Jalisco. Si nos atenemos a las versiones de la Fiscalía del Estado en torno al asunto de los estudiantes desaparecidos, cualquier persona por el simple hecho de estar en un lugar inadecuado, en el momento equivocado, o por parecerse a un criminal, puede ser sujeto de violencia extrema, pero no sólo eso, esta violencia no respeta ningún tipo de condición social y eso lo muestran los asesinatos de un sacerdote y de un presidente municipal, es decir, todos estamos expuestos a esta situación, hecho que resulta muy preocupante.
Lo segundo es la profunda y sistemática debilidad institucional por parte de las instancias del Estado para enfrentar y resolver este grave problema. Desde el sexenio pasado distintos diagnósticos mostraban el incremento exponencial de la violencia, de los asesinatos, de las desapariciones, y ante esto la respuesta gubernamental fue pobre, tímida, omisa e ineficiente. No se quiso o no se pudo encarar esta situación, las estrategias que se adoptaron han sido un fracaso, el tema se politizó electoralmente y algunas respuestas han sido totalmente tardías, un ejemplo de ello es la implementación de la Fiscalía de Desapariciones; es decir, dejamos pasar al menos nueve valiosos años en los cuales se pudo fortalecer y poner los soportes de una estrategia integral, científicamente justificada y efectiva para resolver este grave problema.
El tercer asunto que resalta a partir de estos hechos, es la constatación de la extrema violencia y la brutalidad con que ocurren este tipo de situaciones. ¿Qué hicimos como sociedad para normalizar la violencia? ¿Por qué llegamos a estos excesos de violencia? Sí asumimos la versión de la Fiscalía en torno al caso de los tres estudiantes del CAAV, lo que podemos ver es el uso de la brutalidad sin razón y la necesidad de desaparecer radicalmente a una persona, es decir, no dejar ni un solo rastro de ella. Un tema clave para la sociedad jalisciense en su conjunto es desnaturalizar esta violencia, no acostumbrarnos a ella, no justificar estas situaciones con el argumento comodino de que “se matan entre ellos”; y en todos los espacios (familia, escuelas, empresas, Iglesia) promover e impulsar una cultura de paz.
El cuarto aspecto que me parece necesario evidenciar, es que estos casos se convirtieron en el punto de quiebre de los reclamos sociales ante este problema, las movilizaciones que desataron por el caso de los tres estudiantes desaparecidos del CAAV son una muestra de que las y los jaliscienses estamos hartos de esta situación y que la exigencia de respuestas efectivas es impostergable, de hecho me parece que las campañas electorales en Jalisco experimentarán un punto de inflexión y a partir de ahora todo gravitará alrededor de estos temas. Para utilizar una analogía, estos casos fueron la chispa que incendió una árida pradera llena de dolor, de incertidumbre y de sufrimiento de todas y todos los jaliscienses que han sido víctimas de este tipo de violencias; y ante la cual ya no podemos engañarnos y ya no podemos disimular ante esta cruda realidad.
Lo peor que nos puede suceder es que volvamos al letargo del “no pasa nada”, que no exijamos la verdad sobre estos casos, que no extendamos nuestras demandas hacia los casos de otros desaparecidos, lo peor que nos puede suceder es taparnos los ojos y esperar que nosotros o nuestros familiares no estemos en el lugar inadecuado en el momento equivocado.
Correo electrónico:
jerqmex@hotmail.com

La democracia

participativa y

el ciudadano católico

Pbro. Ernesto Hinojosa Dávalos

Establecido el compromiso social del cristiano, es de vital importancia descubrir de qué manera puede participar de la vida social en todas sus dimensiones. Para esto, la Doctrina Social de la Iglesia establece uno de sus principios rectores de la vida social, consecuencia de la subsidiariedad, por medio del cual, el cristiano «contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece» CDSI 189.
Es el principio de la participación; cuyo objetivo último mira al bien común. Participar de la vida social es un deber del que nadie queda exento y al que no se le puede poner ninguna limitación o restricción, es decir, se extiende a todos los ámbitos de la vida social en el que sea como individuo o asociado, la persona se convierte en el centro y motor de las instituciones, particularmente en una sociedad de orden democrático.
Sin la participación del ciudadano no se entiende la democracia debido a que “toda democracia debe ser participativa” (Centesimus annus, 46).  Así nos recuerda Pablo VI que la participación es una forma de la dignidad del hombre y de su libertad porque ejercita sus derechos y con el cumplimiento de sus obligaciones, responsablemente contribuye a consolidar una sociedad inclusiva e igualitaria. Al participar en la vida social se ejercita la propia libertad; sólo en la participación se concreta la libertad.
Una sociedad digna de la persona, es fruto de la corresponsabilidad de cada individuo con respecto al bien común, exige también un fuerte empeño moral del ciudadano, especialmente de los cristianos conscientes de su responsabilidad social que, juntando también sus fuerzas, han de sanear las estructuras y las condiciones del mundo, es decir, un «empeño común para construir una sociedad más humana y más racional» (Fe y Política, José María Mardones).
Uno de los problemas más fuertes de la vida democrática es la indiferencia de los ciudadanos para involucrarse en la vida social, particularmente en el ámbito de la política. Las consecuencias de la ausencia del ciudadano en la toma de decisiones en los diferentes ámbitos de la vida social se tornan cada vez más graves.
El papa Francisco en repetidas ocasiones ha señalado el grave problema de esta actitud en la vida social, una indiferencia que mata y humilla: «No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye»; hacer como si nada pasa no nos libra ni de los problemas ni de sus consecuencias, «como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia». No podemos sucumbir a la tentación de la resignación, «“¿y qué le vas a hacer? La vida es así”. Una resignación que nos paraliza, que nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras “sacristías” y aparentes seguridades” Expresado en su Visita Apostólica a México, en la misa del 26 de febrero de 2016.
Por lo tanto, es necesario ser actores de la vida social, convertirse en protagonistas del cambio, ser dueños del propio desarrollo. «Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esta alegre superficialidad nos ha servido de poco» (Laudato Si, 229).
San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Christifidelis laici, 3 insiste que en las manos del ciudadano está el revertir las situaciones de pecado que tanto afectan su vida y sus relaciones. “A nadie le es lícito permanecer ocioso”.
Es importante recalcar que la comunidad cristiana nace con proyección social (Hc 2,44-45; 4,32). El apóstol Santiago es terminante en este aspecto, recordándonos que en las obras se muestra la caridad más que en las palabras: «la fe, si no tiene obras, está realmente muerta» (St 2,17).

Posibles usos político-electorales

de las redes sociales

Pbro. Alfonso Rocha Torres

Presento algunas características para el ámbito político y electoral de las principales redes sociales, según el ensayo de Eva María Suárez Tello en la Revista Mexicana de Comunicación.

FACEBOOK
Las redes sociales, como Facebook, se están convirtiendo cada vez más en plataformas de politización que sirven para transmitir mensajes sin límite de extensión, con gráficos, videos, links y demás elementos que posibilitan la interacción con el usuario de una manera fácil y directa. Así el tener una página pública sin restricción de seguidores, hace a esta red esencial en la estrategia de las campañas políticas. Constituye una oportunidad para la reconfiguración de la interacción social gracias a intercambios dinámicos con el receptor que ahora pasa a tener un papel mucho más activo al alcance de un clic. “Diversos estudios sobre el uso de Facebook durante las campañas confirman que esta red social fomenta la participación política incluso un estudio realizado en 16 países europeos confirmaba una relación positiva entre la participación digital y la participación tradicional” (Puentes, Rúas y Dapena, 2017).

YouTube
Las nuevas generaciones han encontrado en YouTube, junto con Instagram, su forma favorita de entretenimiento. En gran medida, han sustituido la televisión en su formato tradicional por esta nueva plataforma. “De hecho, un estudio realizado por Google apunta que el número de reproducciones ha superado a la audiencia de la televisión por cable en Estados Unidos y los usuarios se multiplican por tres cada año” (Gutiérrez-Rubí, 2016). Quizá el principal motivo de este cambio haya sido el aumento del uso del teléfono móvil y el uso de las tabletas para disfrutar de los contenidos de YouTube sin restricción de horario ni ubicación. Hoy, cualquiera puede transmitir contenidos de YouTube y tener su propio canal, pero la categoría de influencers se da por el número de suscriptores que se tengan a los contenidos que se producen. Muchos de estos YouTubers que han llegado a ser influencers generan mucho más audiencia que los programas y series de televisión más populares: “el debut de la última temporada de Game of Thrones tuvo una audiencia de 8 millones de espectadores, sólo en la última semana, Rubius obtuvo una audiencia agregada de casi 25 millones de visualizaciones… en 4 vídeos” (Gutiérrez-Rubí, 2016).

TWITTER
Twitter cuenta con la presencia de usuarios más politizados y predominantemente consumidores de información que hacen de esta red social una caja de resonancia de gran influencia para reaccionar a los hechos coyunturales e impulsar los temas ciudadanos o de la agenda pública. Vega y Merino (2011) señalan como usos estratégicos de Twitter: La reacción a una política pública, como medio de expresión colectiva de un descontento, como medio de publicación de información ausente de la discusión pública y/o de los medios de comunicación tradicionales, como espacio de movilización ciudadana para impulsar una agenda, y como instrumento de agregación de preferencias en torno a una política pública. Ante las eventualidades de hechos recientes como los sismos, que requieren movilización y organización ciudadana, Twitter se ha mostrado como un medio de expresión, solidaridad y organización social y como un medio útil para revelar temas que no aparecen en los medios tradicionales.

INSTAGRAM
Instagram se ha convertido en la plataforma digital favorita de las nuevas generaciones. El predominio de la imagen sobre el texto y la posibilidad de interacción y conformación de grupos la ha hecho muy popular. Los usuarios de esta red tratan de mostrar lo mejor de sí mismos por medio de fotos, videos y efímeras historias, lo que la ha convertido en la tercera red social con mayor número de usuarios en el mundo. Sin embargo, la plataforma aún es poco utilizada por
los personajes y para fines políticos: Imágenes demagógicas, poco auténticas, carentes de originalidad e incluso comunicados de prensa. Puede decirse que aún falta mucho desarrollo en esta área para que la comunicación política pueda aprovechar el potencial que tiene esta red, cuyo uso va en aumento considerable primordialmente entre los más jóvenes.
Bajo este escenario, puede decirse que “Las redes sociales basadas en Internet han dejado claro que ya no existe una total concentración del conocimiento en unas pocas manos, como sucedía en el pasado” (Vega y Merino, 2011, p.21). Pero independientemente de su potencial y capacidad de aprovechamiento de la interacción, las redes también facilitan la segmentación de públicos, mensajes y publicidad, gracias a las posibilidades de segmentación geográfica, por edades, nivel educativo, estatus socioeconómico e intereses personales que ofrecen estas herramienta a sus anunciantes, lo cual sin duda será aprovechado en las próximas campañas electorales mucho más que en el pasado.

COMENTARIOS:
vivirenlapantalla@gmail.com
PARA SABER MÁS:
mexicanadecomunicacion.com.mx

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