¿Caudillo u oportunista?

Por  Sergio  Ibarra

Oliver E. Williamson, premio Nobel de Economía, define que «el oportunismo es la búsqueda astuta del interés propio que lleva a los individuos a dosificar la información que proporciona, a veces con el propósito de engañar o confundir al otro».

Por otra parte, caudillo es un líder que tiene poder e influencia sobre un grupo importante de personas. La palabra proviene del latín capitellus, que significa «pequeña cabeza» o «cabecilla». Es, por tanto, la persona que ejerce su liderazgo haciendo las funciones de guía y conductor de grupos o naciones.

Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu  en 1810 se negó a participar en la insurrección dirigida por el cura Miguel Hidalgo. Defendió la ciudad de Valladolid, hoy Morelia, y recibió ascenso a capitán. En 1811 atrapó al sucesor del movimiento, Ignacio López  Rayón, logro que le valió el ascenso a coronel. Posteriormente, fue nombrado comandante general de la provincia de Guanajuato. Con la captura y ejecución en 1815 de Morelos la sublevación pareció sofocada. Sin embargo, quedaba Vicente Guerrero, que se replegó hacia el sur. Un año después, diversas acusaciones por abuso de autoridad y malversación de fondos propiciaron su destitución; pero fue absuelto de todos los cargos por el apoyo del auditor Bataller.

En 1820 el pronunciamiento de Rafael de Riego contra el absolutismo de Fernando VII dio inicio al trienio liberal de 1820 a 1823. El virrey Juan Ruiz de Apodaca nombró a Agustín de Iturbide comandante general del Ejército del Sur y le encomendó la tarea de someter o ganar para su causa a las tropas de Guerrero. Al comprender que no conseguiría derrotar a Guerrero, Iturbide se sumó a la causa independentista. Iturbide se reunió con Guerrero y firmaron el Plan de Iguala en 1821.

La independencia se consumiría el 27 de septiembre con la entrada del ejército denominado trigarante a la Ciudad de México. Fue declarado emperador en 1822. Enfrenta sublevados y, derrotado en Casa Mata por Santa Anna, en 1823 abandonó el país. En 1824 fue capturado y ejecutado por un decreto expedido en su contra.

¿Un caudillo? Por haber traicionado las causas realistas y haber propiciado la firma de la independencia de México, sí. ¿Un oportunista? Por haberse aliado con Guerrero para no tener que enfrentarlo y luego nombrarse emperador, sí.

La historia de Iturbide dependerá por siempre de quién la cuente y cómo la cuente; sin embargo, los hechos así son; son hechos. Fue un hombre que en su momento cumplió con el papel que le habían encomendado a quienes servía, y ante aquel suceso de tener que hacer frente al primer verdadero ejército sublevado organizado por Guerrero, se convirtió en un hábil negociador para convencer a los españoles de una cosa y luego a los mexicanos de otra.

TEMA DE LA SEMANA: ITURBIDE, EL GRAN OLVIDADO DE LA HISTORIA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 15 de julio de 2018 No.1201

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