La batalla espiritual y los conflictos de la tierra


No solo considero que Venezuela o Nicaragua requerirían la realización, por parte de los obispos, de un exorcismo magno; sino que sería muy bueno hacer ese ritual en la Basílica Vaticana para toda la Iglesia.
Un exorcismo con cardenales, arzobispos, obispos, monseñores, sacerdotes, diáconos y laicos. Todos unidos en una gran oración dirigida al Padre Celestial para que aleje las fuerzas demoniacas de la Iglesia y el orbe. Un exorcismo con participación ecuménica, tanto de anglicanos, protestantes, ortodoxos y coptos.
Una ceremonia realizada a puerta cerrada que se convertiría, además, en un recordatorio de que nuestra lucha no es solo con el secularismo o los lobbys del género o los populismos, sino también contra el Adversario de Dios, el adversario por antonomasia. Ese enemigo de la Iglesia que es el Enemigo cuyo odio proviene de las profundidades del Tiempo.
El cuento de la Criada, Evo Morales, la ley del aborto en Argentina… son elementos menores en el tablero de ajedrez. Lo que resulta evidente es que las fichas del bando de Dios están retrocediendo en ese tablero.
Los pastores de la Iglesia pueden conjurar a las turbas del Abismo. Hagámoslo, y hagámoslo del modo más bello y solemne que podamos. Hagamos ese rito como si pudiéramos ver con los ojos de la carne, delante de nosotros, a esos monstruos espirituales.
Ojalá que cada diócesis del mundo tuviera su exorcista. Pero ya que eso ahora no lo tenemos, al menos, que se hagan aquí y allí estos exorcismos solemnes, generales, que, sin ninguna duda, están llenos de poder.
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