Más reflexiones sobre el sufrimiento de pueblos enteros


Lo que sucede en Venezuela me hace preguntarme por qué el Mal puede ser tan resistente, tan exitoso, tan duradero. ¿Por qué Stalin murió sin demasiados dolores ya anciano? ¿Por qué Mao Tse Tung murió de parecida manera?
La respuesta la encontramos en la Biblia. Sinceramente, está allí. A veces, los hombres encuentran justicia (para bien o para mal) en su camino sobre la tierra. En otras ocasiones, la retribución es ultraterrena. Es tan sencillo como eso.
No me causa ninguna alegría que espere un castigo eterno a los que no están inscritos en el Libro de la Vida. Pero, ciertamente, Dios nos habla de ese tremendo abismo de dolor que es la Gehenna del fuego inextinguible.
Maduro, Evo, Correa, Ortega, Castro tendrán su juicio. Un juicio sin fiscales ni abogados. Dios ya lo sabe todo. Nadie hay más bueno que Dios. No sé qué sentencia recibirán. Pero cada uno de ellos tendrá su sentencia.
Pero debe ser tremendo mirar el Libro de la Vida, volverlo a mirar, y darse cuenta de que el nombre de uno no está inscrito allí.
A los que ahora sufren les parece que el castigo de Dios es pequeño. Pero a los réprobos les parecerá increíble que, en tan pocos años, ellos pudieran caer en la condenación eterna. Y los que se salven comprobarán el peso, dureza y acritud de sus pecados. Nuestro Maestro nos enseñó una parábola en la que se dice:
Pero Abraham le contestó: “Hijo, acuérdate que en vida tú recibiste tu parte de bienes, y Lázaro su parte de males. Ahora él recibe consuelo aquí, y tú sufres“.
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