Memoria viva de una figura universal…

Ya han pasado 452 años del fallecimiento del fraile dominico Bartolomé de las Casas, el protector de los indígenas americanos. Sin embargo, ni siquiera su causa de beatificación está concluida.

Cuatro grados por recorrer

Por lo pronto, en su camino a los altares, se encuentra en la categoría de «siervo de Dios». Para llegar hasta la recta final de la canonización hace falta transitar por cuatro grados:

Siervo de Dios

El obispo de la diócesis que promueve la causa, junto con el postulador, hacen llegar a la Congregación para las Causas de los Santos la solicitud para iniciar el proceso de canonización,  presentando un informe sobre la vida y las virtudes de la persona; y la Congregación, tras examinar el informe, dicta el Decreto  de nihil obstat, con el que da constancia de que nada impide iniciar la causa de quien desde ese momento es oficialmente considerado «siervo de Dios».

Venerable

En un tribunal diocesano se hace un proceso sobre la vida, virtudes y escritos del siervo  de Dios. Se envían los resultados a la Congregación para la Causa de los Santos, la que nombra un relator, quien elabora la Positio, que debe ser discutida por una comisión de teólogos. Si se aprueba, el Papa dicta el Decreto de Heroicidad de Virtudes, y con ello  el Siervo de Dios pasa a ser considerado «Venerable».

Beato

El Venerable es presentado a la comunidad diocesana como modelo e intercesor ante Dios.  Será tarea del postulador de la causa probar la fama de santidad con una lista de las gracias y favores pedidos a Dios por los fieles por intermedio del venerable, así como los milagros atribuidos a su intercesión. Si la diócesis determina que efectivamente hubo un milagro, remite la información a la Congregación para las Causas de los Santos, que lo examina con ayuda de médicos y teólogos. Si el veredicto final es favorable,  el Papa aprueba el Decreto de Beatificación y determina la fecha para la ceremonia litúrgica, con la que el venerable pasa a ser «Beato».

Santo

El proceso de canonización requiere  la aprobación de un segundo milagro, ocurrido en fecha posterior a la beatificación. Para examinarlo se siguen los mismos pasos que para el primer milagro. Aprobado el segundo milagro, el Papa emite el Decreto de Canonización, determina la fecha de la canonización y preside la ceremonia litúrgica  con la cual el beato recibe oficialmente el título de «Santo».

¿Por qué ha tardado tanto?

Como se ve, Las Casas apenas ha recorrido el primer escalón, es decir, es considerado en la Iglesia como «Siervo de Dios».

El proceso para que la Iglesia declare santa a una persona no tiene una duración determinada. Hay muchos factores que influyen en su rapidez o dilación; entre ellos,  el fervor que despierte la causa, los datos con que se cuenta, y las polémicas.

Y es precisamente por las polémicas  que la causa de fray Bartolomé de las Casas estuvo tantos siglos atascada.

A decir del historiador y escritor español Pío Moa —que se declara «no creyente», pero que defiende el cristianismo como base de la cultura occidental—, la leyenda negra antiespañola «procede de la chifladura y falta de escrúpulos de Bartolomé de las Casas».

Es que, en su afán de proteger a los indígenas, el fraile empleó cifras infladas e imprecisas para denunciar los abusos de los conquistadores. Además,  los enemigos de España usaron los datos de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de fray Bartolomé, para crear una corriente mundial antiespañola y anticatólica; el escrito se convirtió en un auténtico best seller cuyas traducciones se multiplicaron entre 1579 y 1700, incluyendo 29 en holandés, 13 en francés y 6 en inglés.

En la protestante Holanda, por ejemplo, una de las traducciones cambió el nombre de la Brevísima poniéndole el amañado y larguísimo título de  Tiranías y crueldades que los españoles cometieron en las Indias Occidentales, el Nuevo Mundo, descritas brevemente por el hermano obispo don Bartolomé de las Casas o Casaus, de la orden de Santo Domingo, traducido por Jacques de Migrode para servir como ejemplo y advertencia a las XVII provincias del país.

A finales del siglo XVI y a inicios del siglo   XVII había denuncias contra Las Casas como falsario; pero fue hasta que los  enciclopedistas franceses cuestionaron  la veracidad de las cifras que se  comenzó a hacer caso ante el hecho de que no pudieron ser 20, 30 o 50 millones los indígenas muertos a manos de la conquista española.

En su Ensayo sobre las costumbres, de 1756, Voltaire decía que Las Casas exageró de forma premeditada el número de muertos e idealizó a los indios para llamar la atención sobre lo que consideraba una injusticia.

En el siglo XX, el historiador estadounidense John Tate Lanning hacía notar que para haber podido dar muerte a tantos indígenas, cada español que había llegado a América tendría que haber «matado a un indio en cada día laborable y tres los domingos durante los cincuenta años inmediatos al descubrimiento. Hubiera sido preciso el transcurso de una generación para alcanzar la cifra».

Hay que admitir que, en la Brevísima, fray Bartolomé contabiliza en algunos territorios un número de muertos superior a la población existente. Sin embargo, esto logró los fines buscados, es decir, la formulación de mejores leyes para proteger a los indígenas.

Igualmente hay que tener en cuenta que las intenciones del fraile dominico no eran antiespañolas, ni siquiera mera promoción de los derechos humanos, sino que partían de una profunda visión cristiana. El hispanista Josep Pérez, en su libro La leyenda negra, describe que la intención de fray Bartolomé era «mostrar la contradicción entre el fin, la evangelización de los indios, y los medios utilizados: la guerra, la esclavitud, el trabajo forzoso, los malos tratos; porque así no se comportaban los cristianos sino los mahometanos. El que fueran españoles era secundario».

Es decir, la crítica de Bartolomé de las Casas no estaba enfocada contra los españoles, sino contra los malos cristianos.

Su causa de canonización

La causa de canonización de fray Bartolomé de las Casas dio inicio el 2 octubre de 2002, en Sevilla, España.

La ceremonia de apertura de la causa tuvo lugar en la parroquia de Santa María Magdalena, ya que se trata del antiguo templo dominicano del convento de San Pablo, lugar donde fue consagrado obispo en 1544, tras ser promovido al obispado de la diócesis de Ciudad Real de Chiapas.

El entonces arzobispo de Sevilla (hoy emérito), Carlos Amigo, presidió la liturgia con la cual se abrió el proceso canónico. Como postulador de la causa fue nombrado el padre Innocenzo Venchi (de Roma), y como vicepostulador, el padre Fernando Aporta (de Sevilla).

Esto  escribieron los religiosos dominicos en su página web:

«Todo el mundo reconoce el trabajo realizado por fray Bartolomé ante la Corte y demás instancias tanto civiles como eclesiales en orden a mejorar la legislación y aplicarla en toda su amplitud.

«Los dominicos, a cuya familia religiosa perteneció el padre Las Casas, tenemos una gran deuda con esta figura universal que, estando su memoria viva no sólo en los investigadores y demás hombres de ciencia, la hemos dejado adormecer en el pueblo sencillo.

«La iniciativa de introducir el proceso ha sido bien recibida, aunque siempre hay que contar con voces discrepantes, aunque no muy significativas. La jerarquía a nivel de conferencias episcopales, tanto de Europa como de América, está refrendando la petición de canonización así como los más cualificados lascasistas y el pueblo especialmente de aquellos lugares que fray Bartolomé defendió y no solamente con su palabra oral y escrita, sino de obra, exponiendo reiteradamente su vida a peligros de muerte».

Redacción

Tema de la semana: El protector de los naturales podría ser santo

Publicado en la edición impresa de El Observador del 29 de julio de 2018 No. 1203

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